miércoles, 15 de marzo de 2017

Historia 2. "Yo no era ningún delincuente"

Cuando era muy pequeño la policía me quitó a mis papás. Yo me quedé a vivir con unos amigos de mi papá, no entendía porque se los habían llevado a la cárcel. Los extrañaba como no hay idea.
Seguí con mi vida, vivía en un lugar que le llaman "el desierto de la muerte" porque en ese punto hay bastante narcotráfico, mueren demasiadas personas, así como sicarios de diferentes cárteles de drogas.
Ahí viví rodeado de tanta violencia, pero seguí adelante. Cuando apenas iba a ser un adolescente, me fui a vivir a otro estado porque ya estaba tomando el mismo camino de mi papá, yo no quería ser igual que él, así que salí de ahí y me fui a vivir a un lugar más tranquilo fuera de todo.
Ahí trabajé con dinero que mi papá me había dejado, compraba carros, los arreglaba y los vendía al mejor precio que podía.
Unos años después, tras un accidente en moto decidí buscar a mi hermano que desde muy chico no lo volvía a ver. Decidí partir, sólo sabía en qué país vivía. Tarde 4 días para poder llegar hasta donde él estaba, cuando al fin vi a mi hermano nos miramos a los ojos y no podíamos creer que nos habíamos vuelto a encontrar, con lágrimas en los ojos nos dimos un fuerte abrazo.

Estuve con él menos de un año, no me gustó la vida en ése país por todas las pandillas, muertes, drogas y el dinero casi no alcanzaba para nada, así que le dije a mi hermano que me regresaría. A él no le agradó la noticia, así que le dije “sólo me establezco y te vienes conmigo”. Así quedamos y me salí de ahí con dos amigos más. Estando en otro país cerca nos quedamos a descansar en la capital. Estando ahí, una mañana me desperté al oír varios balazos, me levanté a ver qué había pasado y me di cuenta que dos sicarios habían intentado matar a un señor por no querer pagar extorsión. Uno de los sicarios logró escapar, al otro lo agarró la policía, la gente insatisfecha quería que la policía soltara al sicario para golpearlo. Luego de dos horas la policía decidió soltar al sicario y dejarlo a manos del pueblo, la gente comenzó a golpearlo. Luego de tantos golpes le echaron gasolina, yo me pregunté qué es lo que iban a hacer, un señor encendió un cerillo y se lo echó, parecía un pedazo de papel quemándose. En ese momento lo que hice fue irme del lugar y sólo pensé que tan jodidos estamos.

Seguí mi camino junto con mis dos amigos. Agarramos un camión a la frontera de México y ahí fuimos asaltados y golpeados con un gran coraje, nos habían quitado hasta los zapatos. Decidimos caminar, con una gran hambre y sin saber para donde ir un señor se detuvo en una moto y nos dijo “síganme, los voy a encaminar a la casa del migrante”. No teníamos a donde ir así que lo seguimos con un poco de desconfianza. Al llegar a la casa del migrante le dimos las gracias, entramos y nos sirvieron de comer, nos dieron zapatos y nos prestaron un teléfono para hablar con un familiar. Yo decidí hablarle a mi hermano y contarle lo que había pasado, él me mandó dinero y con eso decidí salir de ahí, mis amigos prefirieron quedarse.
Al cruzar un río me detuvo la policía y me llevaron a la comandancia, de ahí me llevaron a una estación migratoria porque no traía ningún papel. En la estación migratoria, que es horrible, me investigaron en muchos países centroamericanos y al ver que no aparecía en ninguno de esos me preguntaron que de donde era, yo les contesté que era americano.
Pasaron algunos días, yo estaba asustado porque no me querían decir nada. Estando adentro de migración me puse a hacer negocio con cigarros y Sabritas. Los oficiales a escondidas me vendían un cigarro a 15 pesos y yo los daba a 25 pesos. Así estuve varios días, logré acompletar 500 pesos.
Hasta que un día me dijeron que me iba a ir, pero nunca me dijeron para donde me iban a llevar. Contento al día siguiente en la madrugada me fueron a levantar porque me iba. Me despedí de unos amigos que había hecho y salimos para el aeropuerto. Ahí esperamos el vuelo, los oficiales de migración que me llevaban me querían esposar y me les puse al brinco diciéndoles que yo no era ningún delincuente. Después de unos minutos me quitaron las esposas y subimos al avión.
Al llegar, ya nos estaban esperando unos oficiales de seguridad en una camioneta. Viajamos como dos horas y llegamos a otra estación migratoria, estaba muy enojado y a la vez preocupado porque no sabía que iba a pasar conmigo.
Al llegar a la estación había un grupo de personas que también iban ingresando, los iban a deportar. A mi me tomaron mis datos, luego me dieron de desayunar y después hablé con mi cónsul de Estados Unidos, me dijo que iba a salir y deportado, pero yo le dije que no quería ser deportado.
Me dieron una llamada, ahí cada migrante tiene derecho a una llamada cada 5 días por sólo 5 minutos.  Cuando terminé de hablar, me pasaron donde están todos los menores, cuando apenas iba entrando me gritaron “carne fresca”, en ése momento pensé que me iban a golpear. La primera noche no dormí nada, como a las 3 de la madrugada llegaron 3 hermanos también asustados, cayeron junto a sus papás pero los separaron, me hice muy rápido amigo de ellos.
Cuando era el desayuno, los chavos que llevaban más tiempo les quitaban la comida a los nuevos. Un día se nos acercaron los más viejos de ahí y nos dijeron que si no queríamos tener problemas nos uniéramos a ellos pero nos tenían que pegar 13 segundos en todo el cuerpo menos en la cara, aceptamos para no tener problemas ahí adentro.
Después de estar ahí varios días me gané respeto. Pero para ganarme ése respeto me tocaba pelearme con varios de otros países, con los oficiales de migración y a veces nos castigaban en un lugar donde teníamos que estar la tarde y toda la noche parados.
Luego de varios días me puse a vender cigarros, coca colas y cosas así que no podíamos comprar. Ahí los oficiales que nos cuidaban en la noche eran los que nos pasaban las cosas a escondidas. Pero una vez nos encontraron cigarros, nos sacaron a todos y nos preguntaron de quienes eran. Nadie dijo nada y ahí nos tuvieron a todos parados.
Empecé a escribir unas historias de los demás, ellos me contaban y era muy padre y a la vez triste, porque uno piensa que a veces tiene un gran problema y al momento de oír todo lo que pasaron en sus países y en su camino a Estados Unidos, todo para que los agarrara migración y sólo tener que esperar la deportación.

Ya llevaba tres semanas ahí y no me decían nada. Un día cualquiera yo estaba haciendo la lista de que iban a querer los chicos para dársela al oficial, cuando empezaron a gritar mi nombre, salí corriendo para ver que pasaba y me dijeron “ya te vas”, en ese momento creo que fue uno de los mejores días de los que estuve. Subí a la camioneta, me dieron mi dinero y mis papeles y viajamos 2 horas. Llegamos a una casa tipo migrante pero solo para familias y adolescentes.
La verdad me siento mucho mejor aquí, he hecho amistades y he conocido historias muy tristes pero que a pesar siguen adelante.


“Puedes caer varias veces pero siempre tienes que tener la fuerza para levantarte y jamás agachar la cabeza” 

jueves, 9 de marzo de 2017

Ruta por honor. Parte II

Dedicado a la memoria de Mauricio Armando

Muchas veces queremos cambiar nuestra forma de vida cruzando fronteras en un camino incierto todo por problemas sociales, políticos o económicos.

Soy Salvadoreño y hablo por los "sin voz", éste es un camino sin gloria, sin futuro, sin esperanza, que se llama Norteamérica. Muchos quedan en el camino con una esperanza en el olvido, por eso a mi gobierno, con una amplia trayectoria, le pido en nombre de la familia desintegrada por seguir ésta ruta, le pido, le suplico, que seamos integrados al regresar a El Salvador a nuestros trabajos para la reintegración familiar.
No podemos ir hacia atrás y empezar de nuevo, pero si podemos cambiar para un nuevo final.
Ésta ruta se inicia para una nueva vida, pero en realidad son lágrimas de sangre que derrama cada Salvadoreño, ahora sabemos qué es la muerte en vida, trabajos mal pagados, racismo y todo aquello inhumano, que es lo que vivimos. Mientras que aquellos que nacieron en cuna de oro siempre son protegidos por el Estado, sea cual sea el gobierno en turno, dándoles buenos trabajos a los papás, lo cual les da una buena vida a su núcleo familiar.
Éste camino que a veces es sin retorno, sólo lo vivimos los marginados, por A ó B problema.
Por eso pido: a la ONU, ONG's y al gobierno Salvadoreño, que a nuestro retorno nos den nuestro trabajo que abandonamos, no importando los riesgos que tengamos. Señor Salvador Sánchez Ceren, pedimos auxilio, queremos reubicarnos con nuestras esposas, nuestros hijos, la familia es la base fundamental de la sociedad; por esos intentos de muerte, como lo que hacemos en ésta ruta por honor, creo que merecemos una nueva oportunidad. Señor Presidente, se lo pedimos porque usted posee sensibilidad social y capacidad como mandatario.
¡¡¡Honor y gloria a los caídos en el camino por conquistar lo desconocido!!!
¡¡¡Porque el sufrimiento de los que nunca alcanzaron su final jamás será olvidado!!!
¡¡¡Porque cada hombre, cada niño, cada mujer que murió en éste camino incierto estará en nuestros corazones!!!

Los que estamos vivos seremos la voz de los sin voz en éste camino. Marduck 

martes, 7 de marzo de 2017

Ruta por honor. Parte I

Dedicado a la memoria de Mauricio Armando

Cada amanecer para muchos es una nueva oportunidad de vida para ver la claridad del día, para nosotros naufragados en el camino de incertidumbre humano, el dejar nuestro núcleo familiar es como cuando un átomo se destruye y se convierte en miles de partículas, eso es lo que hace éste camino inhumano, inducido por un capitalismo que enseña a diestra, doblega a un individualismo, dejar a nuestros hijos y esposa, es como cuando la sábila desaparece lentamente de una planta, poco a poco las hojas están muriendo como sus raíces, eso hace y convierte a la familia en éste camino sin rumbo. 

Ahora mucho corazones lloran cuando recuerdan que tienen a quien amar pero están naufragados en las tinieblas de la oscuridad; recordando que hay un niño que en el amanecer menciona la palabra "papi"; pero al tocar, sólo es una almohada que está a su lado y en la mesa siempre estará una silla esperando que sea ocupada, pero en muchos casos esa esperanza está en el olvido porque su "papi" tal vez está en el más allá, en un lugar desconocido, descansando, tal vez en paz. 

A mi gobierno Salvadoreño, a la ONU, ONG's, les pido, les suplico intervenir para que toda la gente naufragada sea retornada a su país y que sus trabajos sean devueltos, porque de esa manera estará alimentando el corazón de muchos niños que esperan a su papá y que para muchos sólo será un recuerdo, porque tal vez su papá murió en el camino incierto buscando una nueva vida... Que en su complemento es, la destrucción familiar.
Pero es lo que el capitalismo infernal ha enseñado a través de sus programas multinacionales que al final es la destrucción de muchos corazones, que cada día mueren de tristeza porque su "papi" no está en su cama; sólo existe una almohada y una silla en la mesa esperando su regreso... 

Todo por honor, Marduck.

jueves, 2 de marzo de 2017

Historia 1. "Y desde ese día ando huyendo para que no me encuentren"

Llegué a México hace meses, estuve detenida en migración un mes y siete días y mi historia comienza cuando era pequeña.
Papá no me quería por ser güera y mamá nos había abandonado. Él en distintas ocasiones trató de abusar sexualmente de mí y mamá al enterarse por otras personas de esto, regresó y desde ese momento ella me defendió de todos.

Cuando era más grande, un pandillero se enamoró de mí pero como yo no le hice caso los demás pandilleros me agarraron coraje. Años después, conocí a un muchacho que era parte de la pandilla contraria, me hice su novia y eso no les gustó a los otros. Un día, ellos amenazaron a mamá, le advirtieron que sí yo no dejaba al muchacho la íbamos a pagar muy caro. Tuve que dejarlo por miedo.
Poco tiempo después, uno de los pandilleros abusó sexualmente de mamá. Ella a partir de ese momento comenzó a enfermar mucho y muy rápido. El doctor nos dijo que tenía VIH.
Al enterarse de esto los pandilleros, fueron con mamá y la golpearon tanto que la mataron.
Ese día yo iba de regresó a mi casa con unas amigas, ya sólo llegamos a lo último. Ellas corrieron pero yo me quede ahí y les dije que los iba a denunciar. En ese momento la luz se fue, y sin ellos poder ver me dispararon dándome en el pie. En ese momento me toque el pie, no lo sentía y me salía mucha sangre, tanta que en el momento caí desmayada.
En ese momento regresó la luz y ellos al verme inconsciente, pensaron que había muerto y se fueron. Luego llegó un amigo y él fue quien me llevó al hospital. Me atendieron y él mismo llamó a la policía diciéndoles que me habían intentado matar, pero ellos no hicieron nada.
Cuando iba del hospital para mi casa, ya no pude llegar, ellos ya estaban ahí esperándome porque sospechaban que siguiera viva. Al verlos me regresé y un muchacho me ayudó a llegar a un camión para ir a donde tenía una hermana. Y desde ese día ando huyendo para que no me encuentren.

Muchos años después conocí a un muchacho, fuimos novios por un tiempo y de esa relación tengo una niña de 8 años. Pero a los días de nacida, el decidió irse a Estados Unidos, era un buen muchacho. A unos cuantos años de estar allá, se hizo de una esposa e hijos.
Yo, tiempo después, conocí a otro muchacho, él al principio era bueno, como todos. A los 3 meses de haber nacido mi otra niña, él se enfermó de celos, de todo hombre que se me acercara o me hablara. Desde esa fecha comenzaron los golpes y los insultos, no me dejaba salir. Nos separamos por un tiempo hasta que el volvió diciendo que ya había cambiado, yo lo perdoné por mi hija. Fueron pasando los días, agarró a ponerse ebrio todos los viernes, eran días enteros de pelea, de insultos. Se le pasaba la borrachera al día siguiente, y me pedía perdón. Así pasaron los años, entre peleas, insultos y golpes. Hasta que un día mi segunda niña quiso defenderme. Él la tiró a un charco de agua para que “no se creyera tan mujercita.” Mi tercer niño al ver que la botó, agarró un machete y me decía “matarlo mami”, cuando él sólo tenía menos de 2 años de edad.
Un día esperamos a que saliera y nos escapamos. Nos fuimos a donde yo tenía un hermano.
Ahí nos encontró, cómo, no sé, siempre nos encuentra donde estamos.
Ese día llego muy amable pidiendo disculpas a mi hermano. Él se confió y me dijo que lo escuchara. Solo esperó a que mi hermano se fuera y trató de golpearme, pero yo no me dejé. Me fui a encerrar a un solar baldío con los niños y esperé a que llegara mi hermano. En ese momento fue cuando decidí venirme para México.
Ni supe como llegué, pero llegué.
Le escribí a una amiga para contarle que ya estaba en México, pero ella se lo dijo a mi esposo. Unos días después, me encontró, cómo llegó tan rápido, no sé, pero llegó. Intentó golpearme y quitarme a mi niña. Unos muchachos me defendieron, pero después ellos mismos me robaron dinero y otras cosas. A él se lo llevó la policía mientras él me gritaba que iba a regresar.
Estuve con mis hijos 5 días en la calle, durmiendo en cartones, no tenía dinero para el pasaje hasta que una muchacha nos regaló el dinero.
Agarré un camión y cuando íbamos en la carretera vi a los oficiales de migración, yo le pedí al chofer que se detuviera y así lo hizo. Les expliqué a los oficiales que era de otro país y que quería refugio. Ellos me llevaron a la estación migratoria.
A unos días de haber llegado a la estación migratoria me ocurrió algo inesperado.
Tenía un mes que mi periodo no venía y no sabía que lo que pasaba era que estaba embarazada. Cuando me vino el periodo, vino con dolores. Pasaron más días y el dolor era insoportable, así que visité al médico en migración. Llegando le conté lo que me pasaba, yo le insistía que tenía síntomas de embarazo y dolores fuertes. Me revisó y me dijo que no era un embarazo porque estaba menstruando, que lo que yo tenía era una infección urinaria o en los ovarios. Luego me inyectó, sólo me inyectó, sin darme explicaciones de nada.
Como una media hora después, iba para el comedor cuando de repente sentí un gran bajón. Cuando fui al baño, vi una gran pelota de sangre, del tamaño de una naranja, no sabía de qué se trataba así que lo dejé ir en el sanitario. En el momento me bañé para lavarme la sangre, cuando de repente me salió otra pelota. Me volvieron los dolores y volví al médico, pero la doctora ya no estaba, ya era otra. Le conté lo que había sucedido, la doctora asustada hizo una hoja de referencia y me mandó a un hospital. Ahí en el hospital me hicieron ultrasonidos y otros estudios.
Ahí fue cuando me dijeron que efectivamente, estaba embarazada y que acababa de tener un aborto incompleto. Eran dos bellas niñas.

Actualmente, estoy buscando seguir mi camino y salir adelante, a pesar de todas las dificultades, para tener una vida digna para mis hijos y para mí.