Cuando era muy pequeño la policía me quitó a mis papás.
Yo me quedé a vivir con unos amigos de mi papá, no entendía porque se los habían
llevado a la cárcel. Los extrañaba como no hay idea.
Seguí con mi vida, vivía en un lugar que le llaman "el
desierto de la muerte" porque en ese punto hay bastante narcotráfico, mueren
demasiadas personas, así como sicarios de diferentes cárteles de drogas.
Ahí viví rodeado de tanta violencia, pero seguí adelante.
Cuando apenas iba a ser un adolescente, me fui a vivir a otro estado porque ya
estaba tomando el mismo camino de mi papá, yo no quería ser igual que él, así
que salí de ahí y me fui a vivir a un lugar más tranquilo fuera de todo.
Ahí trabajé con dinero que mi papá me había dejado,
compraba carros, los arreglaba y los vendía al mejor precio que podía.
Unos años después, tras un accidente en moto decidí buscar
a mi hermano que desde muy chico no lo volvía a ver. Decidí partir, sólo sabía
en qué país vivía. Tarde 4 días para poder llegar hasta donde él estaba, cuando
al fin vi a mi hermano nos miramos a los ojos y no podíamos creer que nos habíamos
vuelto a encontrar, con lágrimas en los ojos nos dimos un fuerte abrazo.
Estuve con él menos de un año, no me gustó la vida en ése
país por todas las pandillas, muertes, drogas y el dinero casi no alcanzaba
para nada, así que le dije a mi hermano que me regresaría. A él no le agradó la
noticia, así que le dije “sólo me establezco y te vienes conmigo”. Así quedamos
y me salí de ahí con dos amigos más. Estando en otro país cerca nos quedamos a
descansar en la capital. Estando ahí, una mañana me desperté al oír varios
balazos, me levanté a ver qué había pasado y me di cuenta que dos sicarios habían
intentado matar a un señor por no querer pagar extorsión. Uno de los sicarios
logró escapar, al otro lo agarró la policía, la gente insatisfecha quería que
la policía soltara al sicario para golpearlo. Luego de dos horas la policía
decidió soltar al sicario y dejarlo a manos del pueblo, la gente comenzó a
golpearlo. Luego de tantos golpes le echaron gasolina, yo me pregunté qué es lo
que iban a hacer, un señor encendió un cerillo y se lo echó, parecía un pedazo
de papel quemándose. En ese momento lo que hice fue irme del lugar y sólo pensé
que tan jodidos estamos.
Seguí mi camino junto con mis dos amigos. Agarramos un
camión a la frontera de México y ahí fuimos asaltados y golpeados con un gran
coraje, nos habían quitado hasta los zapatos. Decidimos caminar, con una gran
hambre y sin saber para donde ir un señor se detuvo en una moto y nos dijo “síganme,
los voy a encaminar a la casa del migrante”. No teníamos a donde ir así que lo
seguimos con un poco de desconfianza. Al llegar a la casa del migrante le dimos
las gracias, entramos y nos sirvieron de comer, nos dieron zapatos y nos
prestaron un teléfono para hablar con un familiar. Yo decidí hablarle a mi
hermano y contarle lo que había pasado, él me mandó dinero y con eso decidí
salir de ahí, mis amigos prefirieron quedarse.
Al cruzar un río me detuvo la policía y me llevaron a la
comandancia, de ahí me llevaron a una estación migratoria porque no traía ningún
papel. En la estación migratoria, que es horrible, me investigaron en muchos
países centroamericanos y al ver que no aparecía en ninguno de esos me
preguntaron que de donde era, yo les contesté que era americano.
Pasaron algunos días, yo estaba asustado porque no me
querían decir nada. Estando adentro de migración me puse a hacer negocio con
cigarros y Sabritas. Los oficiales a escondidas me vendían un cigarro a 15
pesos y yo los daba a 25 pesos. Así estuve varios días, logré acompletar 500
pesos.
Hasta que un día me dijeron que me iba a ir, pero nunca
me dijeron para donde me iban a llevar. Contento al día siguiente en la
madrugada me fueron a levantar porque me iba. Me despedí de unos amigos que
había hecho y salimos para el aeropuerto. Ahí esperamos el vuelo, los oficiales
de migración que me llevaban me querían esposar y me les puse al brinco diciéndoles
que yo no era ningún delincuente. Después de unos minutos me quitaron las
esposas y subimos al avión.
Al llegar, ya nos estaban esperando unos oficiales de
seguridad en una camioneta. Viajamos como dos horas y llegamos a otra estación migratoria,
estaba muy enojado y a la vez preocupado porque no sabía que iba a pasar
conmigo.
Al llegar a la estación había un grupo de personas que también
iban ingresando, los iban a deportar. A mi me tomaron mis datos, luego me
dieron de desayunar y después hablé con mi cónsul de Estados Unidos, me dijo que
iba a salir y deportado, pero yo le dije que no quería ser deportado.
Me dieron una llamada, ahí cada migrante tiene derecho a
una llamada cada 5 días por sólo 5 minutos.
Cuando terminé de hablar, me pasaron donde están todos los menores,
cuando apenas iba entrando me gritaron “carne fresca”, en ése momento pensé que
me iban a golpear. La primera noche no dormí nada, como a las 3 de la madrugada
llegaron 3 hermanos también asustados, cayeron junto a sus papás pero los
separaron, me hice muy rápido amigo de ellos.
Cuando era el desayuno, los chavos que llevaban más tiempo
les quitaban la comida a los nuevos. Un día se nos acercaron los más viejos de
ahí y nos dijeron que si no queríamos tener problemas nos uniéramos a ellos
pero nos tenían que pegar 13 segundos en todo el cuerpo menos en la cara,
aceptamos para no tener problemas ahí adentro.
Después de estar ahí varios días me gané respeto. Pero para
ganarme ése respeto me tocaba pelearme con varios de otros países, con los
oficiales de migración y a veces nos castigaban en un lugar donde teníamos que
estar la tarde y toda la noche parados.
Luego de varios días me puse a vender cigarros, coca
colas y cosas así que no podíamos comprar. Ahí los oficiales que nos cuidaban
en la noche eran los que nos pasaban las cosas a escondidas. Pero una vez nos
encontraron cigarros, nos sacaron a todos y nos preguntaron de quienes eran. Nadie
dijo nada y ahí nos tuvieron a todos parados.
Empecé a escribir unas historias de los demás, ellos me
contaban y era muy padre y a la vez triste, porque uno piensa que a veces tiene
un gran problema y al momento de oír todo lo que pasaron en sus países y en su
camino a Estados Unidos, todo para que los agarrara migración y sólo tener que
esperar la deportación.
Ya llevaba tres semanas ahí y no me decían nada. Un día
cualquiera yo estaba haciendo la lista de que iban a querer los chicos para dársela
al oficial, cuando empezaron a gritar mi nombre, salí corriendo para ver que
pasaba y me dijeron “ya te vas”, en ese momento creo que fue uno de los mejores
días de los que estuve. Subí a la camioneta, me dieron mi dinero y mis papeles
y viajamos 2 horas. Llegamos a una casa tipo migrante pero solo para familias y
adolescentes.
La verdad me siento mucho mejor aquí, he hecho amistades
y he conocido historias muy tristes pero que a pesar siguen adelante.
“Puedes caer varias veces pero siempre tienes que tener
la fuerza para levantarte y jamás agachar la cabeza”
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